San Andrés Archaeological Park

 

Visitor information

The San Andrés Archaeological Park

The Prehispanic Settlement of San Andrés

The Residential Zone

The Monumental Center

Map of the Monumental Center

Discovery and Investigation

Relations Between San Andrés and the Maya World

Improvements in the Park by FUNDAR and the Government

Park Entrance

Zonification of Uses

Snack Bar

Colonial Indigo Works

Security Wall

Conservation of Prehispanic Structures

Interpretative Resources for Visitors

 

Visitor Information for the San Andrés Archaeological Park

Location:

At Kilómeter 32 on the higway to Santa Ana (the Panamerican Highway), in the Department of La Libertad

The Park Offers:

  • The monumental zone of a Maya center dating to the Late Classic Period (AD 600-900), with an acropolis, pyramids, and other structures.
  • Site museum with bilingual (Spanish/English) guides.
  • Parking lot, picnic area, snack bar.

Operating Hours:

Tuesday through Sunday, 9am - 4pm (closed on Mondays).

Fees

  • $1.00 / Salvadorans, $3.00 / foreigners.
  • $1.00 / cars, $2.00 / buses
  • Entrance is free for Salvadorans under 8 and over 60 years of age.
  • Other Central Americans subject to same fees as Salvadorans.

Recommendations:

San Andrés is usually warm and sunny. Take a hat and, of course, your camera. We must note that the brochure to guide you in your visit is no longer available at the park.

 

The San Andrés Archaeological Park

The San Andrés archaeological site took its name from the old hacienda (ranch and farm) on which it was found. The owners of the hacienda was the Dueñas family who generously granted access to sucessive generations of archaeologists, starting in 1940. When the monumental zone of the site began to be visited by tourists in the 1970s, the Dueñas family allowed its use as an incipient park managed by the Government (under the Department of Archaeology of the Administration of Cultural Heritage, a predecessor of CONCULTURA).

Along with all other large landholdings in El Salvador, the San Andrés hacienda was expropiated by the Government under the Agrarian Reform Law of 1980. Salvadoran biologist Francisco Serrano had the truely brilliant idea of using a clause of that law in order to protect natural and cultural resources, since it allowed the Government to "reserve" areas of national interest within the expropiated properties before their transference to cooperatives. In 1981, Serrano worked together with archaeologist Stanley Boggs

 

Al igual que los demás latifundios de El Salvador, la hacienda San Andrés fue intervenida por el Gobierno bajo la Ley de Reforma Agraria de 1980. El Biólogo Francisco Serrano tuvo la idea verdaderamente brillante de utilizar una cláusula de la Ley de Reforma Agraria para proteger recursos naturales y culturales, ya que ésta daba lugar a que el Gobierno se reservara áreas de interés nacional dentro de las haciendas intervenidas antes de entregar las propiedades a cooperativas. En 1981, Serrano trabajó junto con el Arqueólogo Stanley Boggs para identificar varios sitios arqueológicos dentro de las haciendas, y resultó ser factible “reservar” porciones de tres sitios para futuros parques: San Andrés, Cara Sucia y Quelepa. El subalterno de Boggs, Manuel López, hizo los reconocimientos de campo que fueron necesarios - un trabajo difícil y arriesgado por la situación violenta que se vivía en ese entonces.

La propuesta de reserva para San Andrés originalmente abarcaba alrededor de 120 manzanas (84 hectáreas), incluyendo la zona monumental y algunos montículos esparcidos, además de una buena muestra de la vasta zona residencial del sitio. Esta área representada solo el 4% del área total de la hacienda, por lo cual la reserva no hubiera tenido un impacto papable para la nueva cooperativa de San Andrés. No obstante, la propuesta de Boggs y Serrano fue reducida en mitad. La zona finalmente reservada mide 54 manzanas (38 hectáreas). El Departamento de Arqueología cercó el área y utilizó una casa (situada en la zona monumental) para museo de sitio y bodega de mantenimiento, y así nació formalmente el Parque Arqueológico San Andrés.

En 1987, el Patronato Pro-Patrimonio Cultural propuso un proyecto para mejorar el parque, centrado en un nuevo museo ubicado completamente fuera de la zona monumental, con estacionamiento y un sendero interpretativo para acceder a las estructuras prehispánicas. Se proponía que el museo fuera similar en arquitectura a los antiguos cascos (casonas) de hacienda con salas dispuestas alrededor de un patio interno, y construido con paredes gruesas de adobe y techos altos, muy apropiados para el clima caluroso del lugar. Esta primera propuesta no prosperó. En 1995, el Patronato retomó este proyecto y había receptividad de parte de la nueva institución cultural de Gobierno, CONCULTURA. La propuesta original para el museo, basada en arquitectura tradicional que muchos consideran como agradable y apropiada para el clima, además de económica, fue descartada y reemplazada por un diseño modernista con grandes planos horizontales.

En las excavaciones de sondeo realizadas en 1995 en preparación para el nuevo museo, fue localizado por Paul Amaroli un obraje de añil colonial, sepultado por la erupción de El Playón en noviembre de 1658 (puede encontrarse más información sobre esta erupción en la sección sobre Joya de Cerén). Este es el obraje colonial mejor conservado que se conoce en toda la región, y, gracias a las condiciones anaeróbicas presentadas por las capas “selladas” de lodo de origen volcánico, conservaba objetos de madera.

El asentamiento prehispánico de San Andrés

San Andrés está situado en las riberas del río Sucio, hacia el centro del valle de Zapotitán. Hoy en día, esta región es famosa por su fertilidad, un factor también importante para las comunidades agrícolas que se desarrollaron en tiempos prehispánicos. Esta circunstancia se refleja en la alta densidad de sitios arqueológicos en el valle, con un número total estimado en unos 350. Uno de ellos es Joya de Cerén, el cual queda a cinco kilómetros en línea recta al noreste de San Andrés.

San Andrés es uno de los centros prehispánicos más grandes de El Salvador. Habría constituido una capital regional entre los años 600 a 900 d.C. en el periodo Clásico Tardío. Esta antigua comunidad cubría un total de 200 hectáreas o más y consistía en un centro monumental rodeado por una amplia zona residencial común. Se cree que San Andrés llegó a señorear el valle de Zapotitán, y algunas zonas vecinas, como el valle de las Hamacas donde se encuentra San Salvador.

Este mismo lugar vio ocupación humana mucho antes de su apogeo como capital maya. Las investigaciones indican la existencia de un pueblo agrícola desde quizás 900 antes de Cristo hasta alrededor de 420 d.C., cuando la gigantesca erupción de Ilopango causó el abandono de la región.

 

La zona residencial

Se ha realizado pocas excavaciones en la zona residencial de San Andrés, pero se sabe que las casas tenían paredes de bahareque construidas plataformas basales, y podemos suponer que eran similares a las preservadas en el vecino sitio de Joya de Cerén. Hace 50 años, todavía se observaba a simple vista alrededor de 140 montículos bajos en esta zona, que pueden haber representado los vestigios de residencias de mayor tamaño (¿similares a la Estructura 3 de Joya de Cerén?). Análisis reciente de fotografías aéreas indica que el número total de restos de residencias aún visibles en la superficie ascendía a unos 1,200 o más. Casi todas estas plataformas han sufrido graves daños por el efecto de los cultivos y saqueo.

Una pregunta frecuente acerca de San Andrés es, "¿cuántas personas lo habitaban?" Todavía no se dispone de la información necesaria para contestarla, y antes se necesita realizar extensivas investigaciones en la zona residencial. Ha sido una práctica común en Mesoamérica estimar la población de un sitio por el procedimiento de contar el número total de restos residenciales observados en un sitio, y luego multiplicarlos por lo que se supone es el tamaño promedio de una familia (generalmente se usan números alrededor de 4 o 5). Aparte del problema del tamaño promedio real de una familia, en el caso de San Andrés hay motivos para descartar este procedimiento en base a comparaciones con Joya de Cerén. El asentamiento vecino y contemporáneo de Joya de Cerén es la mejor guía para evaluar la zona residencial de San Andrés, y nos demuestra que sería erróneo asumir que cada vestigio aparentemente residencial era, de hecho, una casa. De las 11 estructuras excavadas en Joya de Cerén, solo 3 son viviendas.

 

El centro monumental

El centro monumental de San Andrés es un complejo de pirámides y construcciones anexas que ocupan un área de aproximadamente 20 hectáreas. Casi todas las excavaciones realizadas en San Andrés hasta el momento se han localizado en este sector del sitio.

Plano del centro monumental de San Andrés (basado en el plano publicado por Stanley Boggs en 1943, en el levantamiento topográfico de 1995 y en una fotografía aérea de 1999).

La mayor parte de la arquitectura en el centro monumental consiste de rellenos de ladrillos de adobe, con repellos hechos de una mezcla de barro y grava. Se ha documentado hasta cuatro etapas constructivas en esta parte de San Andrés.

En 1940, el primer excavador de San Andrés, John Dimick, reconoció que la zona monumental puede dividirse en dos sectores: la Acrópolis (es decir, una plataforma monumental que sostiene otras estructuras) y una Gran Plaza al costado norte de la Acrópolis. Posteriormente, en 1943, el Arqueólogo Stanley Boggs se refería a la Acrópolis como la “Plaza Sur”, y a la Gran Plaza como la “Plaza Norte”, y sus designaciones se han ocupado en algunas referencias. Sin embargo, en este particular tenemos que darle la razón a Dimick, ya que una acrópolis no es una plaza.

La Gran Plaza de San Andrés, despejado de monte por FUNDAR.

 

Vista de la Acrópolis tomada en 1940, antes de iniciar su excavación (foto cortesía de José Panadés).

 

Una vista similar tomada en enero de 2006.

 

No obstante lo anterior, las excavaciones han demostrado que la Acrópolis cubre una pequeña plaza abierta, pero en algún momento los dirigentes del sitio decidieron rellenarla con 500,000 o 600,000 de ladrillos de adobe, convirtiéndola en una plataforma elevada y de acceso restringido.

Se ha dejado una trinchera abierta frente a la Estructura 3 para indicar la profundidad hasta la plaza original, y para apreciar como el relleno de adobes conservó la escalinata de esta estructura.

La escalinata expuesta en la trinchera frente a la Estructura 3. En el talud se observan los ladrillos de relleno, cortados por la excavación.

 

Cuando se excavó esta trinchera en 1978, se encontró un cráneo humano en una fosa pequeña al pie de la escalinata soterrada. El cráneo es de un adulto de sexo masculino, con deformación frontal e incrustaciones en los dientes. Es de suponer que pertenecía a un enemigo de alto estatus, capturado y eventualmente sacrificado.

La construcción de la Acrópolis creó una zona exclusiva para los gobernantes del sitio y tal vez actuaba como un símbolo visual de su elevada posición social. Las acrópolis son relativamente comunes en los centros políticos mayas y generalmente son identificados como sectores de residencia elite y sus monumentos funerarios.

Sobre los extremos norte y poniente del Acrópolis se encuentra una serie de cuartos llamados aquí “Los aposentos” Los cimientos de dos cuartos han sido restaurados. Se interpretan estos cuartos como el área de residencia de la elite gobernante en San Andrés, posiblemente sirviendo como dormitorios y salas de audiencia. Serían los últimos palacios del sitio.

 

Una parte restaurada de "los aposentos".

Los costados sur y este de la Acrópolis están delimitados por pirámides de diferentes tamaños. Es probable que por lo menos algunas de ellas encierren las tumbas de gobernantes, pero hasta el momento no se ha excavado hasta su interior. La pirámide principal de la Acrópolis es la Estructura 1, donde hay tres etapas constructivas expuestas.

Arriba: La Estructura 1 durante las excavaciones de 1940 (foto cortesía de José Panadés).

Abajo: Una vista similar de la Estructura 1 tomada en 2008.

 

Se puede apreciar dos cimientos de piedra sobre la superficie de la Acrópolis. Boggs los interpretaba como vestigios de una casa pequeña con su cocina (el cimiento menor) que haya existido existió entre los años 900 a 1200 d.C. (el período Posclásico Temprano), cuando San Andrés ya había sido efectivamente abandonado.

Las dos plataformas pequeñas en el centro de la Acrópolis. Al fondo, desde la izquierda, la Estructura 4 (sin excavar), la Estructura 3 (con el rancho en frente, parcialmente excavada y con una trinchera techada en frente) y la Estructura 2 (parcialmente restaurada). El volcán de San Salvador forma el horizonte (vista hacia el este).

La Gran Plaza al norte del Acrópolis está prácticamente sin explorar todavía. Se puede especular que fue la ubicación del mercado de la comunidad, y de espectáculos públicos. En 1996 se efectuaron investigaciones preliminares en la Estructura 5, conocida como “la Campana” por la silueta acampanada que presenta su plataforma basal coronada por una pirámide.

Hacia el sur de la Acrópolis queda la Estructura 7, una de las únicas en San Andrés con revestimiento de bloques de piedra. Las excavaciones bajo Dimick en 1940-1941 notaron dos etapas constructivas.

La Estructura 7 en 1940. Esta plataforma escalonada tiene dos etapas constructivas, ambas revestidas con bloques tallados de toba, localmente llamado como "talpetate" (foto por Stanley Boggs).

La Estructura 7 de San Andrés, con su revestimiento de bloques de toba (vista hacia el sureste).

En 1978, Jorge Mejía descubrió en el interior de la Estructura 7 una ofrenda exótica, que contenía una vasija del Petén o Belice, un pedernal excéntrico (quizás de Belice), una espina de manta raya (empleada para autosacrificio) conchas y otros objetos.

Eccentric flint from the Structure 7 offering. Left: photograph taken by Karen Bruhns in 1978 on the day of its discovery by Jorge Mejía. Right: the flint on exhibit at the National Museum.

 

An imported bowl from the Structure 7 offering. It may be placed within the general classification of Petén Gloss ware and may be attributed to northern Guatemala or Belize.

 

Above: A Copador Polychrome bowl found in the Structure 7 offering. Copador is is one of the most characteristic types of ceramic for the period between approximately A.D. 600 and 850 in the region comprised of western El Salvador and western Honduras.

 

Stingray spine used in Maya bloodletting rituals, found in the Structure 7 offering.

 

Several spondylus (Spondylus princeps) were found in the Structure 7 offering, and others have been found in other contexts at San Andrés. The shell illustrated here was found in an cache vessel on the Acropolis in 1978. Evidence from Copán and other sites, as well as iconographic studies, show that the ancient Maya used spondylus shells to capture drops of blood from autosacrifice performed with instruments such as stingray spines.

 

Ladle censer from the Structure 7 offering. It belongs to the locally manufactured Guarumal ceramic group which is usually represented by water jars (cántaros).

 

A local figurine from the Structure 7 offering. It was made with a mold and still retains traces of post-firing paint on the earspool on the right. The paint is Maya Blue, produced with indigo.

 

Joya de Cerén fue sepultado por una repentina erupción volcánica por el año de 650 d.C., tiempos en los que San Andrés probablemente ya había alcanzado su categoría como capital regional. San Andrés, Tazumal y los demás centros del período Clásico Tardío en El Salvador, son abandonados por 850-900 d.C., como una versión local del llamado “colapso maya”. Las causas de este fenómeno aún son tema de vigorosos debates. Hubo alguna actividad humana en San Andrés después de su colapso, pero efectivamente dejó de existir como comunidad.

Después del colapso, el Valle de Zapotitán, al igual que los demás del centro y occidente salvadoreño, recibió numerosos inmigrantes del centro de México, cuyos descendientes se conocían como los pipiles. A la llegada de los españoles, el valle alojaba a varios pueblos pipiles, tales como Tecpan Yopico (hoy San Juan Opico), Coyo (hoy representado por Tepecoyo y Sacacoyo), Guaymoco (hoy Armenia), Quezaltepeque y Nejapa (originalmente al poniente de Quezaltepeque).

Otra comunidad del valle era conocida como “Atequepa” en el siglo XVI, probablemente ubicada en la hacienda de Zapotitán. Con el tiempo su nombre se deformó hasta llegar a ser “Tecpa” antes de su extinción en el siglo XVII. En el siglo XX, se hizo la identificación equivocada de “Tecpa” (o “Tecpán”, como una deformación adicional) con el sitio arqueológico de San Andrés, sin saber en ese entonces que San Andrés fue abandonado siglos antes de la Conquista. Todavía hay quienes creen en esta identificación, por lo cual llaman el sitio como “Tecpán San Andrés”.

La Conquista de esta región se inició en 1524, con la entrada liderada por Pedro de Alvarado, actuando como capitán de Hernán Cortés. Dentro de un siglo, la población nativa del valle de Zapotitán se redujo a, tal vez, solo el 5% de su nivel prehispánico, tal como fue el caso general en Mesoamérica debido sobre todo a las pandemias introducidas por los europeos. La mayoría de las comunidades del valle persistían, aunque con muy pocas casas habitadas, y retenían tierras comunales (en realidad, de calpulli), aunque se vendían extensiones entonces baldías a españoles para utilizarlas como haciendas.

Para ese entonces, a principios del siglo XVII, el sitio arqueológico San Andrés llevaba unos 700 años de abandono como una capital maya, pero vio nuevo uso como parte de una hacienda colonial (probablemente se encontraba dentro de la gran hacienda llamada Estamecayo). Las excavaciones de sondeo efectuadas en 1995 recuperaron evidencia de crianza de ganado y procesamiento de añil. La superficie del siglo XVII fue sepultada repentinamente por la erupción de El Playón en 1658, lo cual resultó en la conservación de numerosas huellas de pisadas bovinas, y de una trinchera que tal vez servía en lugar de un cerco (una alternativa para el confinamiento de ganado que persistía en esta región hasta la introducción de alambre de púas). Muchas haciendas en la zona combinaban la crianza de ganado y el procesamiento de añil (índigo), y así fue el caso en San Andrés. Las excavaciones descubrieron una instalación procesadora de índigo en excelente estado de conservación (gracias a la misma erupción). Estas instalaciones eran conocidas como "obrajes de añil", con múltiples pilas construidas de calicanto. Una etapa del proceso es el batido, logrado en éste y otros obrajes formales mediante ruedas hidráulicas. Sin duda, a poca distancia se hallaban cultivos extensivos de jiquilite (la planta de donde se obtiene el añil).

 

Descubrimiento e investigación

Por el año de 1910, un grupo de topógrafos mencionó la existencia de montículos cuando realizaban mediciones en la hacienda San Andrés. Este sitio resultó ser el más grande del valle de Zapotitán, y fue bautizado con el nombre de las hacienda, a veces llamándose “Campana San Andrés” debido a la forma de su pirámide principal, “La Campana” (Estructura 5).

A la fecha, se han realizado tres proyectos de excavación importantes en San Andrés. El primero fue dirigido por John Dimick entre 1940 y 1941, cuando se realizaron excavaciones en las Estructuras 1, 2 y 3 de la Acrópolis, la Estructura 7 (denominada como la Estructura 8 en 1940, y Estructura 7 desde 1978), y en la esquina suroeste de la Estructura 5. Stanley Boggs trabajó como asistente en este proyecto.

El Arqueólogo John Dimick en una excavación en San Andrés, 1940 (foto cortesía de José Panadés).

Entre 1977 a 1978 se llevó a cabo la segunda temporada de investigación notable, bajo la supervisión general de Boggs, del Departamento de Arqueología de la Administración del Patrimonio Cultural, con participación de Jorge Mejía y Richard Crane. Se excavó la cima de la Acrópolis hasta el nivel que corresponde a la última fase constructiva del sitio, encontrando los cimientos de “los aposentos” en sus extremos norte y poniente, y vestigios de lo que se interpreta como una casa construida después del abandono de San Andrés. La excavación de la Estructura 7 resultó en el hallazgo de la ofrenda con el pedernal excéntrico. Entre otras excavaciones realizadas en ese proyecto fue la trinchera que aún permanece abierta frente a la Estructura 3 para estudiar la secuencia constructiva de la Acrópolis.

Las restauraciones efectuadas en San Andrés entre 1941 y los 1980s utilizaron cemento para cubrir los repellos originales, y para restaurar superficies perdidas. En algunas paredes, se han agregado uno o dos hileras de ladrillos de adobe nuevos (consolidados con el polímero E-330) para proteger los adobes originales subyacentes.

El tercer proyecto de investigación fue auspiciado por el Patronato Pro-Patrimonio Cultural en 1995-1996, incluyendo la participación de los Arqueólogos Paul Amaroli, Christopher Begley y Jeb Card. En 1995 Amaroli dirigió el sondeo arqueológico para evaluar la ubicación propuesta del nuevo museo, en el cual se descubrió el obraje de añil sepultado en 1658. En 1996, Begley dirigió excavaciones en la Estructura 5, y Card en una plataforma ubicada al poniente de esa estructura.

 

El obraje de añil colonial de San Andrés, soterrado por la erupción de El Playón en 1658.

 

La Campana (Estructura 5) en mayo, 2005, antes de su desmonte.

La Campana en 2009. Partiendo del retiro del monte que iba dañando la estructura, FUNDAR rellenó senderos informales que surcaban la pirámide, instaló un techo para evitar más derrumbes en la cala excavada en los 1990, sembró grama en la parte superior y cubresuelo en la base.

Nota: El texto arriba titulado "El asentamiento prehispánico de San Andrés" fue escrito por Paul Amaroli en 1993 para ser utilizado en un folleto sobre el sitio publicado por CONCULTURA, y aquí aparece con ligeras modificaciones. Es alabador que trozos de este modesto texto fueron reproducidos con diligente fidelidad por K. Sampeck para las secciones 3.4.2 y 5.2 del documento "Plan Maestro de Manejo Integral de Joya de Cerén y sus Alrededores" (mayo, 1997) presentado por CONCULTURA y UNESCO (copias de ese documento y el folleto están archivados en CONCULTURA). Se menciona lo anterior para aclarar cualquier duda sobre el origen del presente texto.

 

Relations between San Andrés and the Maya World

One can argue that San Andrés governed the last Maya kingdom on the southeast edge of the Maya world in the Late Classic.

The first investigator of San Andrés, John Dimick, noted the similarity between the layouts of the monumental centers of Copán and San Andrés, indicating a close relationship between the ancient and influential center of Copán and the new, though provincial, center of San Andrés. In both we see a roughly square acropolis, with a large plaza defined by long structures projecting to the north. In both sites a pyramid is located at the northeast corners of the plazas. The size and orientation of the layouts at both sites are similar, although the Acropolis of Copán is far greater in height and, in particular complexity. We may also note that the layout of Quirigua's monumental center also shares these similarities with Copán, and although they exhibit more variability, it is important to note that much of its plaza and acropolis was built during the time when Quirigua was under Copán’s domination.

Also indicative of a special relationship between San Andrés and Copán is the fact that they share several ceramic groups. Among them are Copador and Gualpopa Polychromes. Masica and Surla are among the other ceramic groups present at the two sites.

The general orientation of the monumental center of San Andrés is approximately 24 to 26 degrees azimuth. Excavations at the site have revealed many alignments, but the authenticity of several is questionable because of extensive restoration. There are two which may be considered as authentic, between about 295 and 296 degrees (here considering their westward orientation). One is the long structure on the north side of the Acropolis, and the other is Structure 7, with an access stairway on its west side. This orientation corresponds with the setting sun on the summer solstice during the Late Classic, a major astronomical event for the Maya.

Structure 7 seems to enunciate the special relationship between San Andres and Copán. In San Andrés, the construction system is derived from the local tradition of earthen architecture. Mud or adobe bricks were used for fill. Structures were faced with a plaster composed of gravel and clay. As far as is known, lime was not used. Structure 7 is unique in the architecture of San Andrés. It was faced with carved blocks of tuff (talpetate), some of which exceed one meter in length. One possible source for this material is the nearby Rio Sucio, where layers of tuff are exposed in its banks. Most monumental architecture at Copán is faced with large tuff blocks. The vertical terraces of Structure 7 lack the upper molding common in the earthen architecture of San Andrés, and can be directly compared to the stepped structures of Copán.

Structure 7 is an architectural anomaly amongst the ancient buildings of San Andrés, but it could be considered to be a deliberate replica of Copán-style architecture. This in itself is enough to consider it as exceptional and important. But Structure 7 is even more extraordinary by virtue of the offering found at its center in 1978. The centerpiece of the offering was a large eccentric flint of the kind that has been considered as possible royal scepters. The profiles knapped on this type of eccentric flint often include representations of the god K'awiil who is associated with royalty and dynastic succession. The flint from this offering is comparable to others of its kind, although instead of a clear representation of a torch emerging from the forehead which characterizes K'awiil, there is instead an element resembling an animal head apparently forming part of a headdress. The use of eccentric flint “scepters” is singularly exclusive to the activities of Maya elites in the Classic period. It is possible that some of these objects may have journeyed beyond the Maya world through trade, ending up amongst non-Maya peoples though bereft of their original meaning. However, the context of the San Andrés flint strictly adheres to the norms of Maya elite offerings, and this indicates that the leaders of this site were participants in the system of beliefs and practices characteristic of the Maya. The eccentric flint was placed in this offering along with other exclusively Maya ritual objects: a stingray spine - used for bloodletting - and several spondylus shells, which served to catch the blood of autosacrifice. The offering also had an exotic ceramic bowl, carefully transported from the Maya lowlands, fish bones (which have yet to be studied in order to identify the species) and local pottery, including an incense burner probably used during the ritual when this offering was deposited.

According to available information, the excavation of Structure 7 was suspended after finding this offering.

In consideration of the above, one can speculate that the dynasty of San Andrés may have been established under the auspices of Copán, or at least with some form of sponsorship by that powerful and ancient Maya center. The evidence in hand indicates that San Andrés became a regional capital in the early seventh century AD, which corresponds to the reign of Copán king K'ak 'Chan Yopaat (578-628 AD) or that of his successor, "Smoke Imix" (a working nickname, since the reading of his name remains uncertain; 628-696 AD). Interestingly, and perhaps highly significant for San Andrés, archaeologist René Viel has ventured the opinion that the material culture of Copán shows marked ties with the area of El Salvador during the reign of "Smoke Imix”.

Continuing with this line of speculation, it is possible that the first ruler of San Andrés in the Late Classic period may have been a “Copaneco”, perhaps a child or other relative of the contemporary ruler of Copán, who took power with the support of a cadre of warriors or a political agreement forged with local leaders. Alternatively, the relationship between Copán and San Andrés may have been established as an alliance through the marriage of a local ruler with a daughter of Copán’ king, who may have arrived with a retinue of servants and possibly specialists in religion, craft production and other endeavors.

Whether it was as a subordinate or an ally, a special relationship with the new kingdom established in San Andrés would have facilitated Copán’s access to critical resources, as for example the salt produced along the nearby Pacific coast. Cacao would undoubtedly have been of great importance and at this time was probably already being produced in large quantities in the territory of El Salvador. Some of the high peaks in this region held cloud forests, the habitat of the quetzal, and although local production could not compare with that of Alta Verapaz, the rulers of Copán would have greatly appreciated receiving several bunches of these precious feathers each year through the mediation of San Andrés.

As a final speculation, Structure 7, with its offering strongly related to kingship and dynastic succession, could possibly be the funerary temple of the founder of the local dynasty - perhaps a Copaneco appropriately buried in a small building built in the style of his place of birth. Furthermore, his tomb might exist below the level of the offering (at which excavation was halted in 1978) or in another part of the temple yet to be investigated.

 

Mejoras en el parque por FUNDAR y CONCULTURA

A continuación se presentan varias de las mejoras que FUNDAR ha logrado en colaboración con CONCULTURA desde el 2005.

 

Entrada al parque

 

ANTES

La entrada al parque estaba lleno de rótulos feos. No había jardinería. El cerco era de alambre espigado.

 

 

 

DESPUES

Se retiraron los rótulos (se instaló un nuevo rótulo señalando la entrada). Hay jardinería y postes que la delimitan. Se construyó un muro decorativo de toba (el muro fue financiado por el proyecto especial de CONCULTURA del 2008, en cuya planificación participó FUNDAR).

 

 

 

 

ANTES

La entrada antes.

 

 

 

DESPUES

La entrada ahora, con jardinería, portón nuevo y muro decorativo de toba.

 

 

 

 

ANTES

Así lucían los lados de la calle de entrada al parque.

 

 

 

DESPUES

Ahora están así, con muro decorativo y jardinización.

 

 

 

 

ANTES

La caseta de la colecturía. Su ubicación a medio camino entre la entrada y el estacionamiento lo dejaba vulnerable a asaltos.

 

 

 

DESPUES

La nueva caseta, ahora ubicada en la entrada al estacionamiento.

 

 

 

 

ANTES

El rótulo de la colecturía era burdamente pintado a mano.

 

 

 

DESPUES

Ahora es diferente.

 

 

 

 

ANTES

Al entrar a las instalaciones, el visitante encontraba tres puertas abiertas, sin ser claro en cuál de ellas debe ingresar.

 

 

 

DESPUES

Se ha señalado el ingreso con rotulación, cerrando accesos no útiles con rejas decorativas de hierro y plantas.

Se ha coronado los severos muros ciegos con teja, que recuerda a los tapiales tradicionales y embellece en lugar.

 

 

 

 

ANTES

Al entrar a las instalaciones, usted pasa un mapa grande de El Salvador. Unos rótulos viejos estaban colgados en la pared detrás del mapa.

 

 

 

DESPUES

Desde arriba:

Por estar a nivel el piso, el agua lluvia mojaba toda el área. Se volvió a adoquinar con pendientes apropiadas.

Al mapa nuevamente pintado, agregamos etiquetas señalando San Andrés y los demás parques arqueológicos, además de las ciudades y lagos principales.

Se fabricaron rótulos nuevos con información sobre los otros parques arqueológicos (en español e inglés).

 

 

ANTES

La entrada al museo de sitio.

 

 

 

DESPUES

Ahora con mayor señalización y con su coronamiento de teja que le da un aspecto más agradable.

 

 

 

Zonificación del parque

 

ANTES

Había ingreso sin restricción a la zona arqueológica, y sin reglas. Se utilizaba para jugar pelota, ventas, y como botadero de basura.

 

 

 

DESPUES

Se estableció una zonificación de uso. En la zona arqueológica no se permite comida, juegos, etc. El ingreso es por una puerta supervisada por un empleado del parque. La salida es por una puerta giratoria.

 

 

 

 

ANTES

Los vendedores de artesanías, minutas y cocos estaban entre las pirámides.

 

 

 

DESPUES

Habilitamos puestos para los vendedores, integrados como mercadito en las instalaciones del parque.

Los 8 vendedores son independientes y representan el sostén de varias familias locales.

 

 

El cafetín

 

ANTES

El área del cafetín tenía un adoquinado desnivelado por el crecimiento de árboles, y generalmente lucía descuidado.

 

 

 

DESPUES

Nivelamos el adoquinado, abrimos 3 ventanas en la pared al fondo y se maneja con mayor orden.

 

 

 

El obraje de añil colonial

 

ANTES

El sendero para ir al obraje de añil colonial (techo blanco a la izquierda).

 

 

 

DESPUES

Habilitamos un sendero adoquinado con barandales.

 

 

 

ANTES

El obraje no tenía protección contra inundaciones del vecino río Sucio. Se llenó con agua y lodo cuando el río se desbordó durante la tormenta tropical Stan en octubre, 2005.

DESPUES

Como medidas de protección, rellenamos el espacio por donde entró el agua de río, lo aumentamos con un muro, adoquinamos alrededor del obraje.

 

 

ANTES

La inundación dejó una capa de lodo sobre el obraje.

 

 

 

DESPUES

Se excavó el lodo utilizando herramientas de madera para no dañar los antiguos repellos de cal. La franja oscura en la pila indica el espesor de la capa de lodo. Este trabajo estuvo a cargo de Zachary Revene.

 

 

 

 

ANTES

Los taludes de la excavación se derrumbaban. Estaban fuera de los límites del techo, y el agua lluvia caía adentro de la excavación.

 

 

 

DESPUES

Arriba: El adoquinado llega dentro del límite del techo y su pendiente conduce el agua lluvia hacia cunetas y drenajes.

Abajo: Los taludes de excavación ahora tienen muros de contención.

 

 

 

 

ANTES

Así era el "acceso" para ver el obraje.

 

 

 

DESPUES

El acceso actual sí funciona.

 

 

 

Muro de protección

 

 

 

Para la protección del parque, y como parte del proyecto especial de CONCULTURA, se construyó un muro prefabricado alrededor del parque, coronado con alambre "razor".

 

 

 

Conservación de estructuras prehispánicas

ANTES

"La Campana" (Estructura 5) es la pirámide mayor de San Andrés. Entre sus problemas de conservación estaban los senderos informales que surcaban su cima (señalados con la flecha) y un colapso sobre una excavación de los 1990. La excavación originalmente tenía un techo de palma, pero esto se quemó (está junto a cultivos de caña de azúcar que son incendiados todos los años).

 

 

DESPUES

Utilizamos barreras de ramas de morro (que pueden durar algún tiempo enterradas) para rellenar los senderos y el gran colapso que se observa en las primeras 2 fotos.

La última foto muestra el trabajo terminado y engramado.

 

 

ANTES

El lado poniente de La Campana tiene una cala grande y profunda de las excavaciones de los 1990. Sus taludes colapsaban bajo las lluvias.

 

 

 

 

DESPUES

Construimos un techo y lo colocamos sobre la excavación. Luego, lo forramos con zacate a manera de techo tradicional.

 

ANTES

En la Acrópolis, varias estructuras fueron parcialmente restauradas en las excavaciones pasadas, utilizando repellos de cemento, a veces aplicadas sobre los antiguos repellos originales. Existían varios puntos en que el repello de cemento se había desprendido, exponiendo los interiores a daños.

Arriba: La Estructura 1. Las flechas rojas señalan faltantes grandes en los repellos. Las flechas verdes indican árboles en crecimiento que también causan daños.

Abajo: Detalle de uno de los daños. Parte del repello de cemento se ha caído, exponiendo 3 capas de repello prehispánico que se iban perdiendo. La hilera de fragmentos de talpetate (toba) superior es parte de la restauración que, en este caso, fechaba de hace 65 años.

 

 

 

DESPUES

Primero documentamos los daños en las estructuras de la Acrópolis, y luego los reparamos con una mezcla de cal, arena y barro. Esto constituye la restauración de una restauración, lo cual actúa para proteger porciones originales de las estructuras.

 

 

 

Impermeabilización de la Estructura 1

Al realizar las reparaciones arriba mencionadas, FUNDAR observó que durante la época de lluvia, agua nacía de las parte con faltantes de repello de cemento. Evidentemente, el agua de la lluvia penetraba la cima (sin repello) de la pirámide y luego saturaba el interior de la estructura, actuando el repello de cemento para detener la salida de la humedad. En el año 2004, esta misma situación condujo al colapso de una pirámide restaurada (Estructura B1-2) en Tazumal.

FUNDAR recomendó que como medida de protección para evitar un colapso similar, se impermeabilizara la cima de las dos pirámides en San Andrés con “abrigos” de repello de cemento de su restauración. Las cimas de ambas pirámides (Estructuras 1 y 2) fueron excavadas hace décadas, y luego rellenadas nuevamente con tierra removida. Así que las acciones tomadas para su impermeabilización no afectaron depósitos arqueológicos.

Para impermeabilizar la cima de la Estructura 1, CONCULTURA contrató al Ing. Carlos Kerrinckx, un experto en el manejo y control de humedad de taludes y otras situaciones. Se ocuparon 3 capas de materiales: una membrana de PVC especial con una vida prevista (en condiciones enterradas) de más de un siglo, luego una capa de geotextil, y finalmente una malla de plástico para ayudar en fijar la tierra y grama puestas encima.

Aparentemente, esta es la primera vez que estos materiales han sido ocupados para impermeabilizar una pirámide.

 

Impermeabilización de la Estructura 2

FUNDAR impermeabilizó la cima de la Estructura utilizando una capa de suelo cemento, cubierta por tierra y grama. Simultáneamente se llevaron a cabo reparaciones en su restauración muy deteriorada, hasta el punto de que las alfardas estaban fragmentándose. Los materiales utilizados en estos trabajos armonizan visualmente, pero son suficientemente distintos de los materiales originales que nunca habrá lugar para confusión entre los dos.

Izquierda: terminando el proceso de impermeabilización. Izquierda inferior: ya terminada la impermeabilización, se continúa con reparaciones de la restauración. Abajo: los trabajos terminados.

 

 

Recursos interpretativos para los visitantes

FUNDAR ha impreso un folleto interpretativo y ha instalado varios rótulos bilingües (español e inglés) en el parque para orientar a los visitantes y para ayudar en la interpretación.

Un folleto interpretativo está disponible en el parque.

 

Rótulos sobre el sistema de parques arqueológicos en El Salvador.

 

Rótulo interpretativo en la entrada a la zona arqueológica.